3. El mosquito

Al llegar por la mañana no había nadie, salvo el encargado que acababa de abrir. Siempre le había gustado ir a la biblioteca a primera hora, esa tranquilidad le ayudaba a pensar. Buscó una mesa junto a la sección de arqueología, no porque le interesase el tema, sino porque normalmente casi nadie curioseaba por allí y así podía concentrarse en lo suyo sin distracciones. Dejó sus libros y cuadernos en la mesa, se quitó la pesada chaqueta y la bufanda que había tenido que coger (por fin había llegado el frío a la ciudad) y los dejó en la silla de al lado, junto a su enorme bolso (siempre le habían gustado estos bolsos que parecían sacas donde cabía de todo y que colgaban con cierta elegancia y con cierto aire progre). Una vez se liberó de toda su carga, se dirigió a buscar los libros que necesitaba, hacia la sección de biología.

Se dejó imbuir por el aroma de los libros, una mezcolanza de olores entre el cuero de algunas ediciones, los efluvios desprendidos por el papel añejo de algunos, toda una sensación que la invadía y la transportaba a otro mundo, en el que disfrutaba y se encontraba totalmente a gusto. Rebuscando entre los estantes, cogió varios volúmenes sobre química orgánica y otro más de entomología, esperaba encontrar por fin lo que llevaba tiempo buscando.

Volvió a su mesa y rebuscó entre las páginas del tratado entomológico buscando información sobre el insecto del que había decidido hacer su tesis, un extraño primo lejano del mosquito común que vivía en lo profundo de las selvas de indonesia y que, según parecía, transmitía una extraña sustancia química al que picaba en la que se encontraba un principio activo que parecía inmunizar a sus víctimas contra el sida. Según su documentación, en aquella isla de indonesia, pese a estar en contacto con la civilización moderna a través del turismo, y ser su población bastante numerosa (rondaban el millón de habitantes nativos, más todos los turistas que se contaban por varios millones al año) no se había dado aún ningún caso, lo cual dejaba por menos que ser curioso.

Había llegado a esta historia un poco por casualidad, cuando un amigo suyo volvió de unas vacaciones por la zona y le comentó que se parecía a Tailandia: la mayoría de los europeos que veraneaban por allí iban por el llamado “turismo sexual”. Y hablando sobre el tema llegó a surgir el tema de la enfermedad, y la verdad es que su amigo no recordaba haber visto a nadie enfermo (en aquellas zonas es corriente, a pesar de tener algún tipo de enfermedad, mantener las actividades prostituyentes). Como por ese entonces no tenía aún tema para la tesis, decidió buscar algo de información al respecto y se encontró con el hecho: ningún caso registrado! Puede que las autoridades lo tapasen, podía ser perfectamente, pero lo cierto es que la enfermedad ni tan siquiera aparecía en los protocolos médicos de los hospitales de la región. Buscó en los boletines médicos de los hospitales, contactó por email con los médicos de esos centros, y en ninguno supieron darle ninguna información al respecto, excepto (como no!) en el último en el que probó: el Labu Balat Central Hospital. Allí, un médico inglés, cirujano jefe de inmunología desde hacía unos 4 años le comentó que hacía unos dos años vino un turista que permaneció en la isla unos 6 meses hasta que murió, tenía VIH y le habían pronosticado unas 2 semanas, así que había venido a la isla a pasar sus últimas vacaciones, el paciente había contactado con él para recibir tratamiento en caso de necesitarlo y hacerse algunos análisis de control. Los primeros análisis demostraron el estado avanzado de la enfermedad, pero cada mes nuevas analíticas demostraban el estancamiento de esta… incluso el último parecía mostrar una reducción en el número de anticuerpos de VIH. Lamentablemente murió atropellado una noche cuando volvía hacía una casa que había comprado a las afueras de la ciudad.

Esta historia cautivó por completo a Miriam, que empezó a buscar en tratados de científicos naturistas que hubieran visitado la isla y que hubiesen catalogado flora y fauna, en un intento de encontrar algo que le pudiese dar una pista de cual era la causa de aquella reducción. Hablando con su nuevo amigo el médico, éste le dijo que él había hecho lo mismo, incluso estuvo buscando por la zona haciendo trabajo de campo. Pero era como buscar una aguja en un pajar. La única pista válida era un sustancia que se había encontrado en la sangre del paciente noruego y que había ido en aumento desde que llegó, era algo que no debía estar ahí, de hecho en los primeros análisis se descartó por suponer que era algún tipo de contaminación en la toma de la muestra, pero el pasar de unas pocas partes por millón en el segundo análisis, a varios miles en el último, quería decir que podía tener que ver. De hecho, el inmunólogo había conseguido aislar la sustancia, pero parecía tener el mismo tiempo de vida que la sangre, coagulándose con ésta a las pocas horas. Pero en ese breve periodo, parecía ser capaz de atacar y destruir los anticuerpos de sida. Tenía la sustancia, pero el elemento que la generaba. Él mismo se había hecho análisis y había encontrado la sustancia, y en algunos de sus compañeros y pacientes también, estaba claro que era algo que había en el entorno… pero donde???

Miriam recibió toda la información sobre los análisis de dicha sustancia del médico y estuvo varios meses analizándolo de nuevo, mirando y remirando una y otra vez la composición y comparándola con todo lo que conocía. Al final dió con ello: la sustancia se nutría de toda la basura que encontraba en la sangre y que no formaba parte directamente de ella, eso permitía al que la usara disponer de sangre totalmente limpia para su posterior consumo. Comparando el análisis de ADN que mandó hacer sobre una de las muestras, vió que se parecía mucho al ADN de los mosquitos!! Todo encajaba: alguna variedad de mosquito muy sibarita disponía de un limpiador de sangre!! Fantástico, sólo faltaba encontrar el bicho. Le comunicó su hallazgo al médico y éste empezó a buscar las variedades de mosquitos de la isla, pocas semanas después le tenían: el fabricante de la sustancia de la vida!

Todo esto había sucedido hacía unos meses y ahora estaba ocupada buscando información sobre esta variedad de insecto, y tratando de aislar la información que tenían sobre la sustancia y el principio activo que contenía para tratar de reproducirlo. Lo habían llevado bastante en secreto hasta tener algo sólido, antes de lanzar las campanas al vuelo y alterar todo el mundo farmacéutico.

Enfrascada en la lectura de los libros que había escogido cuando, de repente y en absoluto silencio, se acercó un hombre trajeado y con sombrero, semblante serio, alto y bien parecido. Cuando estuvo junto a ella, de pie, carraspeó ligeramente para llamar su atención. Hasta ese momento no se había dado cuenta de la presencia, cuando se giró y le vió, se sorprendió y si por poco se cae al suelo de la silla. El extraño tan sólo le dejó un maletín sobre la mesa, encima una carpeta sobre la que ponía:

Viernes, 12h

c/ fontana, 135

Y tan sigilosamente como había llegado, se marchó, dejando estupefacta a Miriam, viendo el maletín encima de la mesa con aquella carpeta y la nota que tenía escrita encima.

 

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