El expediente 654 (y 3)

Cuando llegó la hora de comer maldije haberme pasado la noche en vela. Había salido de casa deseando empezar el día y olvidar así toda la historia que se me había enganchado el día anterior de una forma tan pegajosa. Tan deprisa salí que se me olvidó por completo llevarme el tupper que me había preparado con la comida.

Tuve que ir al comedor del personal con la esperanza de encontrar algo aunque sabía que traen siempre las raciones justas para los que se apuntan el día antes. No hubo suerte: sólo algo de sopa y un poco de pan. No me quedaba otra que ir al comedor de presos. No es que estuviese prohibido ni que la comida fuese mala, sino que podía ser algo peligroso mezclarse con los presos a pesar de la constante vigilancia de mis compañeros. Las peleas eran algo frecuente, y más cuando algún funcionario se acercaba a ellos, supongo que destacábamos mucho más de lo que yo podía llegar a imaginar.

En un primer momento me entusiasmó ver que el preso que tenía a mi lado era él, pero ese entusiasmo inicial desapareció cuando tiró su bandeja y me agarró por el cuello.

– Le mato!!

La cuchilla que tenía, y que ni tiempo me dió a ver de donde sacaba, me apretaba el cuello. Los guardias reaccionaron rápido y le apuntaban pero eso no hizo que me soltara. Todo lo contrario, me agarró con más fuerza aún.

 

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