El vecino reformista

Estábamos pasando la tarde contando chistes en la sala de mi casa, cuando de repente y a medio chiste, me suena el móvil. Lo apago, es mi tía, no puede ser nada urgente. Sigo escuchando el chiste que va contando una de mis amigas. Al momento el teléfono fijo suena, voy corriendo, veo el número. Mi madre tampoco puede querer nada urgente, paso del teléfono que rápidamente deja de sonar.

Pero oigo un ruido de gente en la calle, me acerco al balcón y veo muchísima gente arremolinada en corrillos en la calle mirando hacia mi edificio, no entiendo que pasa. Veo también a mi hermano que acaba de llegar, aún casco en mano, también mirando hacia el edificio, pero nada más unos instantes hasta que su cara cambia y va rápidamente a la entrada. En ese instante oigo un ruido en la habitación de al lado, voy a mirar y veo que tanto la suite como la pequeña habitación contigua que hace las veces de trastero, tienen por todas las paredes grietas que se abren verticalmente desde la parte superior. No entiendo que está pasando cuando entra mi hermano, y nada más pasar a la sala junto al recibidor el falso techo de éste cae de golpe con una tremenda polvareda que nos deja momentaneamente cegados.

Entre el polvo y las toses, mi hermano acierta a decirme que ha visto desde fuera como el piso encima del nuestro estaba empezando a colapsar, y que casi seguro tiene que ver con las obras del vecino por encima suyo. No es posible, no me termino de creer que una simple reforma para cambiar el suelo de la casa de dos pisos encima del mio esté provocando todo esto.

Subimos rápidamente los dos con ganas de armarle la bronca a ese vecino al que ya hace tiempo que le teníamos ganas. Nos empujamos por la escalera para tratar de llegar el primero. Hasta que llegamos a su rellano y nos topamos con un perro enorme atado con una cadena gruesa. Parece tranquilo y sin intención de atacar, así que pasamos cuidadosamente cerca de la barandilla donde seguramente no llega. Al llegar a la puerta, golpeamos insistentemente hasta que nos abre el operario que está haciendo la reforma.

También ha subido detrás nuestro el vecino del tercero (el del piso que se colapsa), un tipo bajito pero con muy mala leche. Entre los tres, tratamos de amilanar a ese tío que no sabemos como pero está consiguiendo hundirnos nuestros pisos. Pero él, lejos de amedrentarse, se defiende diciendo que en todo caso no es el culpable de nada, que sólo está siguiendo los planos del doctor (el dueño del piso) al pie de la letra.

Hemos entrado en el piso durante la discusión. ¿Qué están haciendo aquí? Escaleras de madera, balconadas de madera, gente paseando por la parte que está terminada, bancos de piedra redondos con centros llenos de plantas decorativas… parece algo así como un centro comercial.

Aparece el doctor por una de las nuevas balconadas interiores, y tranquilamente pregunta que tal va la obra a su operario con el que ya nos hemos calmado y hablamos tranquilamente. Nosotros en ese momento retomamos nuestra anterior ira y la redirigimos hacia el verdadero autor de todos nuestros males.

…lamentablemente, aquí me desperté!!

Una respuesta to “El vecino reformista”

  1. Leí este relato también en tu otro blog.

    Es una pena que siempre despertemos de un sueño en el mejor momento, cuando no desearíamos hacerlo. ¿Cómo habría continuado y, en el mejor de los casos, terminado? A veces, ¿quién sabe?, tal vez sea mejor quedarse con la duda…

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