Y su camino retomó…

Con el tiempo, el juglar decidió que ya era hora de abandonar su lugar junto a la bruja, pues sus bromas ya no eran apreciadas, y que era momento de buscar nuevos caminos por recorrer.

Tras algunas paradas en fondas con gente diversa, alegre y dicharachera, el juglar siempre volvía al camino, al eterno camino solitario en busca de algo que ni él mismo sabía qué podía ser.

Y entre momentos tristes y momentos sombríos, al final el juglar se dió cuenta que lo valioso era el camino, no el destino, que tener los zapatos desgastados valía más que unas botas nuevas, y con esa idea en mente seguía avanzando sin rumbo fijo, en solitario, sin pedir ni dar cuentas a nadie, teniendo por seguro que esa era la manera de que fuese el destino y no la voluntad de nadie el llegar donde fuera que fuese.

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