El expediente 654

– Dime, es cierto lo que he oido en el comedor?
– Pues no te sabría decir, pero ándate con ojo
– Entonces, sí es peligroso
– Nadie es tan tonto como para no darse cuenta, pero parecer inofensivo es su mayor peligro

El silencio acompañó a esa última frase. Durante unos instantes nada se oyó. De repente, de nuevo el habitual ruido de fondo: zapatos repicando contra el suelo de cemento, el sordo murmullo de los pantalones que arrastraban y el tintineo de las cadenas que les unian. Miles de personas en un mismo y espacioso lugar, ni una sola voz se oía, sólo el monótono sonido de los cuerpos desfilando hacia sus celdas tras el breve reposo del patio. Los dos nos quedamos como siempre absortos, viendo el penoso espectáculo desde la ventana de nuestro despacho en la segunda planta. Todos los dias lo mismo. Rutina, rutina y más rutina. Pero supongo que así debe ser para que funcione éste sitio.

Pude verle cerrando la fila. Un tipo grande, pero sin aspecto de fiero, más bien con cara de buena persona. El típico bonachón al que, si no fuera por que está aquí dentro, le habrías confiado tu vida. Con la mirada perdida, siguiendo tranquilamente al que tenía justo enfrente. Sin alterarse lo más mínimo. De verdad que no me podía creer lo que me habían contado. Salí un momento al pasillo, apoyado en la barandilla metálica me llegaba ese olor a humanidad del que cualquier otra persona huiría, aquí simplemente nos habíamos acostumbrado a él. Me mantuve firme en el pasillo, como me habían dicho siempre, nunca en posición relajada ante los presos. Por unos instantes pensé que pasaría hasta su celda, yo me daría media vuelta y seguiría con mi trabajo. Pero cuando ya casi desaparecía tras las columnas, de repente me echó una mirada retadora. Un escalofrío me recorrió el cuerpo pero mantuve la postura. Pasó de la columna y le perdí de vista.

Al girarme encontré a mi compañero de pie junto a mí. Seguramente estaba desde que yo había salido.

– Te lo dije!
– No sé, no puedo estar seguro, pero esa mirada…
– Nunca te fies de quien ha sido capaz de matar a toda su familia de esa manera

Sólo hacía unos días que había entrado aquí, y lo que me habían contado los compañeros que estaban en su bloque ponía el vello de punta a cualquiera que lo escuchase. A nosotros no nos dejaban acceder a los expedientes de los presos de máxima seguridad, así que no sé como me las iba a apañar para conseguirlo, pero tenía que verlo, tenía que ver ese expediente para creermelo. Tal vez después de ver las fotos de los asesinatos no sería capaz de dormir en mucho tiempo, pero no me importaba, siempre me habían gustado las historias de terror, y ahora tenía una realmente cerca, no la podía dejar escapar.

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