El bulevar

Como cada noche, metió sus cuatro cosas dentro del bolso, se echó un último vistazo delante del espejo que había junto a la puerta y salió asegurándose de haber cerrado bien. Desde que estaba viviendo en aquel piso de copacabana (hacía apenas dos años) ya le habían entrado a robar más de cinco veces. Que ganas tenía de juntar el dinero suficiente para poder dejar ese maldito barrio y la decadente vida que llevaba!

Fue apurando las caladas del cigarro hasta llegar al bulevar, hoy estaba muy animado, se notaba el ambiente del fin de semana. Saludó a las pocas con las que se llevaba bien y miró con desprecio por encima del hombro a las que, noche tras noche, le metían en problemas. Cuando llegó el primer cliente se metió en el coche sin apenas ni saludar. El conductor, acostumbrado, respondió simplemente acelerando para alejarse hasta un lugar más discreto.

Los disparos les pillaron en plena faena, el tío se asustó tanto que se la quitó de encima de un empujón sacándola del coche para largarse de allí dejándola tirada en el descampado y sin ver un sólo dólar.

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