El expediente 654 (y 4)

Publicado en Relatos cortos el 3 de enero de 2011 por makj

Me fue arrastrando poco a poco hacia la puerta del comedor. Todos los guardias le apuntaban por si vacilaba un instante y poderse echar encima suyo sin que yo saliera herido (al menos eso quería pensar, su aparente pasividad me estaba provocando un sudor frío).

Pero él no vaciló y llegó hasta la puerta. Un último instante bajo el quicio, una última mirada de reojo para fijar en su retina la posición de los enemigos. Y un fuerte empujón para cerrar la puerta y girar rápidamente sobre sus talones arrastrándome por el pasillo que se abría a la derecha. Intentaba que no me arrancase el brazo con los tirones tratando de apoyar algún pie de vez en cuando, pero iba demasiado rápido para mí y las papeleras que iba derribando por el camino tropezaban por todo mi cuerpo dificultándolo aún más.

Hasta que llegamos a la verja del bloque. Allí se volvió a acordar de mi y me agarró de nuevo por el cuello afianzando su cuchillo justo debajo de mi nuez. Miraba desafiante al guarda de la garita y yo notaba su respiración entrecortada, de bestia atrapada, junto a mi oído. Tal vez si no hubiera estado tan atenazado por el miedo habría reaccionado y no lo hubiera tenido tan fácil. Pero en ese momento sólo quería que esa situación de pesadilla terminase cuanto antes.

El guardia se negaba a abrirle la verja, claramente haciendo tiempo a que llegaran sus compañeros. Pero él no estaba dispuesto a darle ese tiempo. Y seguía gritando mientras miraba de vez en cuando al pasillo para ver quien venía. Los segundos pasaban.

- Mira que me lo cargo!!!

Se mantenía firme, pero se notaba lo mal que lo estaba pasando y el esfuerzo que hacía.

- Y luego iré a por tí!!!

Esto último surtió efecto, el pobre chico se asustó y abrió la verja. Apenas empezaba a abrirse cuando ya estaba cruzándola conmigo de lastre que se chocaba con todo. Y aún así consiguió salir al patio, donde unos disparos al suelo trataban de disuadirle. Pero tras un primer momento de sorpresa, reaccionó rápido. Me agarró por la cintura y me levantó con increíble facilidad para usarme de escudo humano mientras cruzaba el patio, caminando, pero a buen paso.

- Si alguien me dispara, éste desgraciao lo pagará!!! Y quiero la puerta abierta, cuando haya cruzado el patio!!!

Tiniebla

Publicado en Relatos cortos el 3 de enero de 2011 por makj

Desperté de mi duermevela en mitad de la sala de urgencias, sólo. El ruido de las máquinas era todo lo que alcanzaba a oir. Recorrí los largos pasillos buscando a alguien, mis pasos retumbaban como un potente martilleo. No vi a nadie, no oí a nadie. Seguí avanzando por escaleras y más salas, completamente vacías. La situación cada vez era más angustiosa, y no podía dejar de pensar que todo era el típico sueño del que ya quería despertar. Pero no podía. Abrí muchas de las puertas por las que pasaba. Las salas estaban totalmente desiertas, pero todo estaba en su sitio, perfectamente colocado.

Me quedé parado por un momento, prestando atención. Escudriñando la oscuridad para tratar de percibir algún signo de vida, algún sonido. Y llegó. Sin más. Iba creciendo poco a poco, como si siempre hubiera estado ahí y yo de repente me hubiese quitado los tapones. Salí corriendo en aquella dirección y a medida que me acercaba al final del pasillo en el que estaba, la luz aumentaba y también aquel sonido. Pero al girar la esquina, de repente, oscuridad y silencio me envolvieron de nuevo.

Y ya nunca me abandonaron.

Paralelismos llingüístics (by paranoic mind)

Publicado en Frikis, Musica, Reflexiones aleatorias el 29 de diciembre de 2010 por makj

Entre Dos Tierras – Héroes del silencio (original)

[...]

qué fácil es

abrir tanto la boca para opinar,

y si te piensas echar atrás

tienes muchas huellas que borrar.

[...]

Entre Dos Terrats – Herois Silenciosos (versió)

[...]

quin fred que fà!

tot i sa jeca estic ben arrufat!

T-t-t-t-tremolo i no ho puc aturar,

encèn s’estufa d’un cop ja!!

[...]

Risas ahumadas

Publicado en Sueños el 28 de diciembre de 2010 por makj

Desde el primer momento sintió como aquel extraño lugar en el que entraba le transportaba a una agradable sensación de bienestar. El tono en penumbra de la habitación junto con los diferentes olores de esencias aromáticas y hierbas exóticas que se fumaban y bebían formaban una atmósfera difícil de evitar. Se dejó atrapar enseguida, y a medida que se adentraba en aquel sitio, la sensación iba en aumento. En cuanto se dejó llevar completamente, la risa hizo acto de presencia y no le abandonó hasta que tuvo que irse. Sonidos relajantes de fondo ayudaban a crear esa sensación de poder evadirse del cuerpo físico. Las bebidas que tomaron hicieron el resto. Y el éxtasis estaba servido.

Al día siguiente, no conseguía recordar casi nada. Sólo escenas sueltas venían a su mente aún convaleciente de tal avalancha de sensaciones y estímulos nuevos. De lo poco que podía recordar, creía haber disfrutado de momentos de sexo increíblemente placenteros, como nunca antes recordaba. Y en todos los pocos recuerdos que quedaban, las risas aparecían como música de acompañamiento frente al telón de fondo formado por el aromático humo de lo que allí se fumaba.

Definitivamente, tenía que volver.

El expediente 654 (y 3)

Publicado en Relatos cortos el 21 de diciembre de 2010 por makj

Cuando llegó la hora de comer maldije haberme pasado la noche en vela. Había salido de casa deseando empezar el día y olvidar así toda la historia que se me había enganchado el día anterior de una forma tan pegajosa. Tan deprisa salí que se me olvidó por completo llevarme el tupper que me había preparado con la comida.

Tuve que ir al comedor del personal con la esperanza de encontrar algo aunque sabía que traen siempre las raciones justas para los que se apuntan el día antes. No hubo suerte: sólo algo de sopa y un poco de pan. No me quedaba otra que ir al comedor de presos. No es que estuviese prohibido ni que la comida fuese mala, sino que podía ser algo peligroso mezclarse con los presos a pesar de la constante vigilancia de mis compañeros. Las peleas eran algo frecuente, y más cuando algún funcionario se acercaba a ellos, supongo que destacábamos mucho más de lo que yo podía llegar a imaginar.

En un primer momento me entusiasmó ver que el preso que tenía a mi lado era él, pero ese entusiasmo inicial desapareció cuando tiró su bandeja y me agarró por el cuello.

- Le mato!!

La cuchilla que tenía, y que ni tiempo me dió a ver de donde sacaba, me apretaba el cuello. Los guardias reaccionaron rápido y le apuntaban pero eso no hizo que me soltara. Todo lo contrario, me agarró con más fuerza aún.

 

La villa de los mil caminos

Publicado en Relatos cortos el 13 de diciembre de 2010 por makj

Tras largo tiempo recorriendo los caminos, los diversos personajes encontrados habían dejado un rastro en su memoria. Cada uno de ellos había aportado su propio color, dotando a cada momento de las dosis justas de alegría y conocimientos del mundo que nos rodea. Y sin dejar de valorar el camino, creía el juglar haber encontrado una villa en la que poder disfrutar de su actual estado de euforia y felicidad junto a los muchos aldeanos que en ella habitaban. Parecían todos venir de largos caminos, algunos más polvorientos y tortuosos que otros, pero todos con un gran bagaje de recuerdos e historias en sus mochilas.

Un lugar en el que nadie se sentía extraño, todos eran bienvenidos, pues lo normal era ser forastero en el lugar. Nadie era de ahí, y probablemente ninguno acabaría allí el resto de sus vidas, todos partirían en algún momento para retomar su propio viaje. El eterno viaje que todos habían aprendido a valorar y del que ninguno estaba dispuesto a prescindir. Pero siempre es agradable compartir una temporada con otros viajeros para descargar de la mochila muchas historias, anécdotas y aventuras que puedan enriquecer o entretener, al menos, a otros viajeros.

Curioso por lo menos el emplazamiento de la villa, apartada de las grandes calzadas. Y sin embargo, mucho más transitada de lo que cabría esperar. Tal vez por ser un sitio de paso, no diré ya obligado, pero sí necesario para todo viajero que se precie de serlo. Un sitio en el que dejar la mochila al llegar, para disfrutar de todas las gentes que allí se reúnen. La eterna fiesta lo cubre todo, calles llenas de gente celebrando, siempre hay algún motivo para ello.

Pero todo exceso tiene un peligro. El peligro de perder la noción de la identidad propia, de perderse entre el júbilo y los placeres. Una pérdida que puede provocar pasar a ser uno más de los que acaban en el limbo. Un alma sin rumbo entre miles de ellas. Una extraña sensación se apodera de vez en cuando de los recién llegados, quizá un atisbo de razón que les hace despertar de la sensación de euforia provocada por ese maravilloso lugar. La sensación de estar atrapado en un lugar del que es difícil salir, porque en el fondo no se quiere salir.

De vez en cuando alguien consigue partir, tal vez en un arranque de autodeterminación, tal vez arrastrado por otro en la mayoría de los casos. Siempre es una gran pena para todos los que se quedan, pero es una pena que desaparece rápido porque otros nuevos llegan para la eterna fiesta. Sabía el juglar que cuando le tocase partir, pasaría lo mismo. Le echarían de menos el tiempo que tardase en llegar un nuevo visitante. Pero a siempre le quedaría el recuerdo de los buenos momentos en cada uno de los pasos que diera por el nuevo camino.

El vecino reformista

Publicado en Sueños el 13 de agosto de 2010 por makj

Estábamos pasando la tarde contando chistes en la sala de mi casa, cuando de repente y a medio chiste, me suena el móvil. Lo apago, es mi tía, no puede ser nada urgente. Sigo escuchando el chiste que va contando una de mis amigas. Al momento el teléfono fijo suena, voy corriendo, veo el número. Mi madre tampoco puede querer nada urgente, paso del teléfono que rápidamente deja de sonar.

Pero oigo un ruido de gente en la calle, me acerco al balcón y veo muchísima gente arremolinada en corrillos en la calle mirando hacia mi edificio, no entiendo que pasa. Veo también a mi hermano que acaba de llegar, aún casco en mano, también mirando hacia el edificio, pero nada más unos instantes hasta que su cara cambia y va rápidamente a la entrada. En ese instante oigo un ruido en la habitación de al lado, voy a mirar y veo que tanto la suite como la pequeña habitación contigua que hace las veces de trastero, tienen por todas las paredes grietas que se abren verticalmente desde la parte superior. No entiendo que está pasando cuando entra mi hermano, y nada más pasar a la sala junto al recibidor el falso techo de éste cae de golpe con una tremenda polvareda que nos deja momentaneamente cegados.

Entre el polvo y las toses, mi hermano acierta a decirme que ha visto desde fuera como el piso encima del nuestro estaba empezando a colapsar, y que casi seguro tiene que ver con las obras del vecino por encima suyo. No es posible, no me termino de creer que una simple reforma para cambiar el suelo de la casa de dos pisos encima del mio esté provocando todo esto.

Subimos rápidamente los dos con ganas de armarle la bronca a ese vecino al que ya hace tiempo que le teníamos ganas. Nos empujamos por la escalera para tratar de llegar el primero. Hasta que llegamos a su rellano y nos topamos con un perro enorme atado con una cadena gruesa. Parece tranquilo y sin intención de atacar, así que pasamos cuidadosamente cerca de la barandilla donde seguramente no llega. Al llegar a la puerta, golpeamos insistentemente hasta que nos abre el operario que está haciendo la reforma.

También ha subido detrás nuestro el vecino del tercero (el del piso que se colapsa), un tipo bajito pero con muy mala leche. Entre los tres, tratamos de amilanar a ese tío que no sabemos como pero está consiguiendo hundirnos nuestros pisos. Pero él, lejos de amedrentarse, se defiende diciendo que en todo caso no es el culpable de nada, que sólo está siguiendo los planos del doctor (el dueño del piso) al pie de la letra.

Hemos entrado en el piso durante la discusión. ¿Qué están haciendo aquí? Escaleras de madera, balconadas de madera, gente paseando por la parte que está terminada, bancos de piedra redondos con centros llenos de plantas decorativas… parece algo así como un centro comercial.

Aparece el doctor por una de las nuevas balconadas interiores, y tranquilamente pregunta que tal va la obra a su operario con el que ya nos hemos calmado y hablamos tranquilamente. Nosotros en ese momento retomamos nuestra anterior ira y la redirigimos hacia el verdadero autor de todos nuestros males.

…lamentablemente, aquí me desperté!!

Y su camino retomó…

Publicado en Relatos cortos el 28 de junio de 2010 por makj

Con el tiempo, el juglar decidió que ya era hora de abandonar su lugar junto a la bruja, pues sus bromas ya no eran apreciadas, y que era momento de buscar nuevos caminos por recorrer.

Tras algunas paradas en fondas con gente diversa, alegre y dicharachera, el juglar siempre volvía al camino, al eterno camino solitario en busca de algo que ni él mismo sabía qué podía ser.

Y entre momentos tristes y momentos sombríos, al final el juglar se dió cuenta que lo valioso era el camino, no el destino, que tener los zapatos desgastados valía más que unas botas nuevas, y con esa idea en mente seguía avanzando sin rumbo fijo, en solitario, sin pedir ni dar cuentas a nadie, teniendo por seguro que esa era la manera de que fuese el destino y no la voluntad de nadie el llegar donde fuera que fuese.

Una lagrima cayó… y el juglar que lo vió… todo su arte invocó… y hete aqui lo que resultó!!!

Publicado en Relatos cortos el 28 de junio de 2010 por makj

[...] Mientras la doncella se despedía de los suyos para ir a encontrarse con su destino,
una lágrima afloró a sus hermosos ojos,
y un rayo de luz que se escapó de entre las cerradas nubes de tormenta,
fue a chocar con ella,
y en el instante que se cruzaron un brillante destello iluminó todo el valle…

Lo vio el juglar y recobró su alegría,
Lo vio la bruja y se volvió más comprensiva,
Lo vio el vigía del castillo del caballero que rápidamente urgió a su señor a que regresara,
Lo vio el dragón desde su lejana y oscura cueva y comprendió el maravilloso regalo que iba a recibir,
Lo vio todo el mundo alrededor de la doncella y las caras largas se tornaron en sonrisas,
Las vio la doncella y la sonrisa volvió a sus tiernos labios…

Y esa noche en el pueblo todo el mundo fue feliz,
sabiendo que el destino no era cruel,
ya que la doncella no se iba del todo,
porque en todos ellos había dejado su sonrisa
un recuerdo imborrable que perduraría por los tiempos…

Y cuentan las leyendas que cuando la doncella se acercó a la cueva del dragón este salió,
y por no asustarla utilizó toda su magia y convirtió
la cueva con sus potentes alaridos de fuego en un suntuoso palacio de mármol y diamante,
y finalmente con el resto de magia que le sobró
se convirtió a si mismo en un altivo caballero castellano.

El expediente 654 (y 2)

Publicado en Relatos cortos el 15 de septiembre de 2009 por makj

La noche puede ser muy larga cuando uno no puede dormir. Había conseguido olvidar casi por completo la historia durante todo el día. Me ayudó mucho la recomendación de mi compañero cuando volvimos a entrar en el despacho y nos sentamos cada uno a nuestra mesa:

- Si te obsesionas con esas historias, tendrás problemas. Aquí son más habituales de lo que te imaginas.

- Lo supongo – hice un esfuerzo por resignarme -, tal vez sea porque llevo poco tiempo por aquí pero me sigue pareciendo una historia escalofriante y me gustaría saber más.

- Tu verás lo que haces – dijo con un gesto de hombros -, pero te agradecería que lo olvidaras mientras estés conmigo, no quiero que me metas ideas raras en la cabeza – esto último lo dijo subiendo algo el tono -, yo tengo una familia y no me puedo jugar el puesto.

- De acuerdo, no te volveré a hablar de ello.

Y así lo hice durante todo el día, me ayudó mucho la montaña de trabajo que se nos vino encima pasado el mediodía. Un no parar hasta que llegaron por fin las seis de la tarde y salimos de aquel sitio. En el coche me puse la música más comercial que encontré en la radio para tratar de no pensar, y funcionó. Es increible como llegan a contagiarse hasta el punto de que resulta imposible tener nada más en la cabeza. De hecho, mientras me duchaba seguía tarareando la última que había oido antes de cerrar el coche. La cena delante de las noticias fue el detonante que me devolvió esas ideas a la cabeza: unos vándalos habían organizado una pelea a cuchillazos en uno de los peores barrios de la ciudad, con el resultado de cinco nigerianos muertos y tres sudamericanos heridos, algún policia se llevó también su ración, pero nada de importancia.

Así que cuando por fin me tumbé en la cama, el silencio de la noche y la soledad de la habitación hicieron el resto. En ese momento eché en falta a mi mujer que se había ido a ver a sus padres, su madre no se econtraba bien y la habían llevado al hospital hacía un par de días para hacerle unas pruebas.

Me bailaban en la cabeza todas las cosas terribles que había oído de ese tipo. Me lo imaginaba volviendo a casa de sus padres después del trabajo, donde vivía con su mujer y su hija recién nacida hasta que pudieran permitirse una casa propia. Me lo imaginaba abriendo la puerta de la casa y viendo como en el salón, su mujer follaba con otro tío en su sofá, él tumbado boca arriba y ella encima brincando y sudando, disfrutando de ese tío, que además era uno de sus mejores amigos, mientras él se había estado dejando el pellejo doce horas en la fábrica. Me imaginaba la escena, él de pie petrificado, de repente se le caen las llaves al suelo, el ruido alerta a los cabrones del sofá, ella se gira asustada y el tipo se medio incorpora para ver quién es. Me imaginaba las excusas estúpidas y tópicas de los amantes, de los adúlteros, de los futuros fiambres, mientras a él, parado en el quicio de la puerta, se le iba hinchando la vena del cuello.

Lo que no me podía llegar a imaginar es como se podía tener la sangre fría en ese momento de recoger las llaves, pedir disculpas, cerrar la puerta y dar media vuelta. No me podía ni imaginar que estuvo pensando ese hombre, que le pasó por la cabeza durante las dos horas que dejó pasar antes de volver a la casa cargado con una sierra mecánica para descuartizar a su mujer en el baño. Y como había tenido después la sangre fría de endosarle el asesinato a su amigo dejándole las bolsas en el patio de su casa para llamar después a la policia.

Definitivamente, no era un tío al que se deba enfadar. El despertador, las siete, hora de volver al curro y ver de nuevo al más impasible de los asesinos que habían pasado por allí.

Seguir

Get every new post delivered to your Inbox.